Pregón Fiestas Patronales 2023 a cargo de Quique Maestre

Publicada por Comunicación Ayto. de Petrer el

¡Bona nit, Petrer!

En primer lugar, quiero daros las gracias a los que esta noche habéis acudido a nuestra Plaça de Baix para acompañarme y escuchar este pregón que da comienzo a nuestras entrañables Festes de la Maridéu del Remei.

Gracias Irene, alcaldesa, Alejandro, concejal de fiestas. Gracias también a los miembros de la Cofradía de la Virgen del Remedio por la gran labor que realizáis durante todo el año para que nuestra patrona y su fiesta estén tan cerca de todos nosotros; a los componentes de la Coral que nos deleitareis esta noche con la preciosa Salve Marinera; también gracias a las bandas de música Unión Musical, Virgen del Remedio y a la Colla El Terròs -¿qué haríamos sin música en la fiesta?- , a la Colla dels Nanos i Gegants y cómo no, gracias a mis predecesores en la tarea de pregonar estas fiestas por acompañarme en esta maravillosa noche -todos me lo habéis puesto muy difícil, y espero estar a la altura de vuestros anteriores pregones-.

Y, gracias a todos los que ahora y en los próximos días, estaréis trabajando para que todo transcurra con total normalidad, policía local, protección civil, Cruz Roja y a todos los servicios municipales implicados en la fiesta. Gracias de nuevo porque sin todos vosotros no sería posible.

A nivel personal, quiero dar las gracias a mi mujer Isabel, a mis hijos, a mi familia, a todos mis amigos, a mi querida fila Tuareg -que haría yo sin vuestro incondicional apoyo- y a todos los que de alguna manera me habéis manifestado vuestra alegría y cariño desde el momento que recibisteis la noticia de que sería el pregonero de las fiestas de octubre.

¡Qué tarea más ardua y laboriosa, pero hermosa al mismo tiempo, la que me habéis encomendado! Cuando recibo de parte del Ayuntamiento la sorprendente propuesta de ser el pregonero de nuestras fiestas patronales, mi primera reacción es la de negarme; qué narices se yo de las fiestas, de hacer un pregón; seguro que habrá gente mucho más capacitada para este menester.

Después de un breve lapso de tiempo y una vez repuesto de la sorpresa inicial, sobreviene una cascada de recuerdos y un torrente de sentimientos felices empieza a inundar mi cabeza, por delante de mis ojos comienza un desfile de imágenes reconfortantes, entrañables, que hacen que ese no inicial vaya perdiendo fuerza y se vaya diluyendo en mi mente.

Però, per què no podré ser el pregoner? Si estime al meu poble! Si se m’ompli el cor de sentiment quan parle d’ell! Si no puc tindre més orgull que sentir-me petrolanco!
I comence a vore clar que acceptaré tan honorable tarea, que posaré tot el meu cor i la meua anima en la missió encomanada, i que em pujaré al balcó del nostre ajuntament per a explicar-li al meu poble el que sent per ell i les meues entranyables festes de la Maridéu del Remei.

… Nuestro Petrel… así empieza la primera estrofa del himno de nuestro pueblo, himno, que con tanto acierto supo darle voz nuestro estimado cronista oficial Hipólito Navarro. Estoy seguro que cualquier persona que haya nacido o se sienta “petrolanco” siente este pueblo como suyo, como nuestro, porque se tienen recuerdos y vivencias que te hacen sentir parte de él, y estos recuerdos, sin duda alguna, nos llevan a nuestra infancia, adolescencia y juventud. Mis recuerdos, los que siempre vienen ligados a la festa de la Maridéu, los que hacen que sienta Petrer como mío, son todos dichosos y entrañables.

Cuando empiezo a explorar por los rincones de mi mente y de mi corazón las vivencias que me unen a nuestra patrona, lo primero que aparece, es el recuerdo borroso, ya que yo era muy niño, de la casa de mi abuela Virginia Bernabéu, la Porsela. Mi abuela Virginia vivía en la calle La Virgen, en el número siete para ser más exactos, en la casa familiar dels Mangues i Porseles; a pocos metros subiendo unas escaleras de donde se encuentra la imagen de la Virgen en su hornacina. Subir a visitar a mi abuela y digo subir, porque yo vivía en la antigua calle Calvo Sotelo, la actual País Valencià, era para mí un camino largo y cuesta arriba. Pero, al mismo tiempo, subir a la calle La Virgen, era sinónimo de entusiasmo y no poco interés infantil. Sabía que mi abuela me tendría preparada una buena merienda o alguna deliciosa golosina, que todos los vecinos de la calle me iban a saludar y a tratar con cariño -era el net i fill de les Porseles- y que pasaría buenos ratos jugando con los chicos de la calle. Y eso pasaba allí, en el carrer de la Maridéu, al lado de la Virgen ¡Estaba claro, que la Virgen era buena para mí!

Y qué decir de mis primeros años de estudiante ¡si fueron en la Academia Virgen del Remedio!, en el carrer Nou, con Don Evaristo al frente de un variopinto y heterogéneo grupo de chicos, sólo chicos, porque en esos tiempos a finales de los sesenta, lo normal es que chicos y chicas estuviéramos separados en las aulas de los colegios. Acudíamos a clase con nuestro guardapolvo o chaquetilla de color azul, llevando con orgullo el escudo bordado de la academia, donde figuraba el nombre de nuestra patrona. Cuando se aproximaban las fiestas, nuestro maestro, solía hacernos en la pizarra un dibujo de la imagen de la Virgen para que lo copiásemos y lo llevásemos a casa. Aún conservo en mi retina, uno de esos dibujos de trazo sencillo donde se mostraba una silueta de la Virgen. Recuerdo, que a mí, me gustó tanto, que no se me ocurrió otra cosa que pintarlo, bien grande, con una cera negra, en una de las paredes del taller familiar donde trabajaban mi padre y mi abuelo, los dos Enrique ¨els Alicantins¨, para más señas. Imagino que a todos les hizo gracia el dibujo plasmado en la pared ya que nadie me reprocho aquella pequeña incursión artística. Aquel trazo de la Virgen quedó bien visible, hasta que años después se hizo una reforma y el taller se convirtió en la vivienda de mi hermana Virginia.

En esa época, como recordareis muchos de los que estáis arropándome esta noche, la vida de un crío, transcurría prácticamente en la calle. Todos nuestros juegos y nuestras aventuras ocurrían por tu calle, por tu barrio. Ver cómo aparecía aquella larga escalera con enormes ruedas de la que se servían los esforzados operarios para hacer la magia de iluminar con cientos de bombillas incandescentes las calles del pueblo, eran para toda la chiquillería anuncio de que venían días festivos; pero yo os aseguro que la mayor alegría, era esas horas extra de buena iluminación que nos permitían alargar nuestros juegos callejeros hasta que alguna madre, bien entrada la noche, reclamaba a grito tendido la vuelta a casa.

Y hablando de vuelta a casa, si hay un recuerdo que tengo siempre presente, bien anclado en los entresijos de mi mente y con nitidez meridiana, era el momento de volver del colegio, de la academia, abrir la puerta de mi casa, empezar a subir las escaleras y sentir con entusiasmo el maravilloso aroma que desprendían las pastas que mi madre acababa de traer de alguna de las panaderías cercanas a casa, bien la de Carmelo o la de Pere. Mantecats, almendraos, polvorons, rollets de anís, y tantas otras dulces suculencias que para estos días elaboraban en sus hornos de leña todas las panaderías del pueblo.

Para mí, eran los mejores manjares que podía darle al paladar y ¡anuncio inequívoco de que la fiesta de la Virgen era inminente!

Y si los aromas y el paladar traen recuerdos, como no voy a recordar la comida familiar del día grande de nuestras fiestas, la del día de la Maridéu: ¡fasegures i mondonguilles! No conozco otro día donde estuviese esperando con tanto deseo el momento de empezar a comer y llevarme a la boca una mondonguilla recién frita por mi madre.

Por suerte, en mi casa, sigo celebrando este día como toda la vida, con el menú que manda la tradición. Por la proximidad de la fecha tan esperada, no tengo ninguna duda que, en casa de mi madre, Virginia, -al igual que en muchas de vuestras casas-, estarán preparados todos los ingredientes para disfrutar de nuestra comida familiar de ese día.
Si la Maridéu, si la festa, me han aportado tantos y tantos momentos felices, ¿Cómo no voy a estar agradecido?

¡Tantos recuerdos y vivencias ligados a estas fiestas y a su Patrona!

No puedo olvidarme de varios acontecimientos que ocurrían en esos días festivos y eran de las cosas más extraordinarias que para mí, y seguro que, para todos los niños y niñas del pueblo, transcurrían durante las fiestas. Uno de ellos, era el desfile de la banda militar del Regimiento de Infantería San Fernando de Alicante. Ver desfilar con marcialidad al son de las marchas militares aquellos soldados con sus uniformes, sus brillantes cornetas, los ruidosos y acompasados tambores era ¡todo un espectáculo! Ahí estábamos la chiquillería imitando el paso militar y el redoble de los tambores ¡dejábamos volar la imaginación y nos veíamos desfilando con los músicos y soldados!

Y qué decir del divertido espectáculo de marionetas, o cristobetes, como también las conocíamos, las marionetas de Talía. Espectáculo al que acudíamos en el ya desaparecido Cine Regio, ¡Vaya griterío ensordecedor se dejaba escuchar en la sala! cuando la bruja hacia su aparición en el pequeño retablo donde sucedían las aventuras de esos entrañables personajes.
Como persona vinculada profesionalmente al deporte, no puedo dejar de recordar en este pregón, esos acontecimientos deportivos que han estado y siguen estando vinculados a los días de nuestra fiesta, de los que guardo un grato recuerdo y a los que tantas veces acudía de niño, cogido de la protectora mano de mi padre.

Las divertidas gymkanas de motos y bicicletas que se preparaban en la explanada, donde siempre esperábamos que alguno de nuestros amigos o conocidos se llevase algún premio, los disputados partidos de fútbol en el campo de tierra de “La Victoria”, juegos de pelota en el frontón de la Ciudad Deportiva San Fernando, carreras ciclistas que transcurrían por las principales calles del pueblo y alrededores. Por supuesto, también, y por la parte que me toca, los Trofeos Virgen del Remedio de balonmano, que se disputaban en nuestro flamante pabellón recién construido, allá a principios de los años ochenta y en los que fui participante activo.
Ahora, al mencionar los temas deportivos, permitidme que haga un pequeño homenaje, y os pido perdón por lo personal que es, a mi padre, Enrique el Alicantí.

Mi padre, era un apasionado de todo lo relacionado con el deporte y no perdía oportunidad de llevarme a cualquier evento que aconteciese en las fiestas o en cualquier otro momento; en el pueblo o donde pudiese llevarme. Esa pasión que supo inculcarme por el deporte, con el paso del tiempo se convirtió en mi profesión y medio de vida; profesión en la que he intentado y sigo intentando, trasladar a mis alumnas y alumnos, pequeños y grandes, los valores deportivos del respeto, esfuerzo, humildad; así como la importancia de los hábitos de la salud. Valores deportivos y hábitos saludables que espero, que a lo largo ya de tantos años, hayan contribuido en alguna manera al desarrollo personal y al bienestar de mis convecinos y de mi querido pueblo de Petrer.

He tenido la gran suerte de poder dar un pequeño empujón en el inicio de sus carreras deportivas a algunos de los mejores deportistas de la historia del deporte de nuestro pueblo, Isaías y Gedeón Guardiola, Paula Arcos, Elena Amores, Vicente Manuel Poveda, Miguel Llorens; todos ellos desarrollan su vida profesional en las máximas categorías de su deporte, con logros significativos por parte de algunos en las olimpiadas y campeonatos de Europa o mundiales, que han hecho que el nombre de Petrer sea conocido por todo el mundo. Pero lo que más me satisface, lo que más me enorgullece, y no tengo la mínima duda, es saber que son grandes personas que llevan en su corazón el orgullo de sentirse “petrolancos” allá donde les lleve su vida y el deporte.

Gràcies, papa, per la passió que posaves en l’esport, en la festa i en tot el que estimaves.
Siguiendo con vivencias de alguna manera relacionadas con el deporte, recitaré otra conocida estrofa de nuestro querido himno …nuestro Petrel, hermoso de sierras, desde el valle de CatÍ a l´Almorxó… y aprovecharé de nuevo la letra de nuestro himno para expresaros una de las experiencias que más me hace amar y sentir pasión por mi pueblo y es el poder caminar por sus caminos y sendas, por sus montañas y sus valles por … sus bosques y su arena… solo o acompañado de mi grupo de caminantes, la Colla dels caminants i prou.

Caminantes y amantes apasionados de nuestros queridos parajes, que cumplimos con un pequeño ritual cada vez que volvemos de nuestras largas pero reconfortantes excursiones: en un pequeño rincón de una típica calle del casco antiguo, nos refrescamos y nos felicitamos por completar la pequeña aventura de ese día. Y, aquí está lo curioso y por eso no podía dejar de nombrarlo, este ritual acontece – como no podía ser de otra manera- en la calle de la Virgen, a pocos metros de su imagen y bajo su protectora mirada. Imagen, a la que estoy seguro que todos dedicamos un fugaz pero sincero e íntimo agradecimiento por el feliz regreso.
Está claro que, sin notarlo, la Virgen forma parte de mi vida, de nuestra vida, manifestándose sutilmente de muchas maneras.

Si la Maridéu, si la festa, si Petrer y su buena gente, me han aportado tantos momentos de felicidad ¿Cómo no voy a estar agradecido? ¿Cómo no voy a sentirme orgulloso de ser petrolanco?

… nuestro Petrel es un canto vivo… y como vivo que está, evoluciona y crece, y la fiesta ha evolucionado junto con el desarrollo y dinamismo de nuestro pueblo. La fiesta ha crecido, se ha hecho dinámica, atractiva, abierta a todos. La fiesta es en la actualidad un conjunto de actos tanto religiosos como lúdicos en la que todo el pueblo puede sentirse parte de la misma y disfrutarla; los devotos y los menos devotos; los pequeños y los mayores, los de aquí y los visitantes. Actos que no se ciñen a los días grandes de la fiestas, ya que desde septiembre hasta octubre nos traen un colorido ramillete de todo tipo de eventos: la presentación de la revista Festa, exposiciones de pintura y fotografía, juegos tradicionales y espectáculos para los más pequeños, muestras de artesanía, el traslado de nuestra patrona a la iglesia de la Santa Cruz y su vuelta a la parroquia de San Bartolomé, pasacalles y conciertos a cargo de nuestras bandas de música y colla, los divertidísimos autos locos; el pregón con el que damos inicio a los días grandes de la fiesta, la Salve, los magníficos fuegos artificiales, la singular y emotiva ofrenda de flores y después a correr la traca, las actuaciones musicales para jóvenes y menos jóvenes, la misa solemne, los bailes de nanos i gegants, la potente y ruidosa mascletà, la procesión acompañando a nuestra patrona en su día grande, el espectacular Correfoc y por supuesto las entrañables y divertidas carasses. Sin olvidar los numerosos actos que se organizan en los barrios y en los que prima la convivencia.

Sin duda alguna, todos estos eventos nos permiten asegurar que la fiesta está viva y que nos va a seguir acompañando siempre, a lo largo de nuestras vidas, invitándonos a su disfrute, tanto en los actos más tradicionales como en los más novedosos que nos ha traído el paso del tiempo.

Voy a continuar con una frase que seguramente todos sentimos en lo más íntimo…van las plegarias llenas de fe… Vivimos en un pueblo donde se celebran varios acontecimientos festivos-religiosos de mucha relevancia, pero especialmente para mí y por su cercanía en mis vivencias, hay tres de ellos donde se pone de manifiesto la fe que este pueblo tiene en sus creencias y tradiciones. Fe y creencias tolerantes, solidarias, acogedoras, donde nadie queda apartado ni excluido.

Las fiestas del Santísimo Cristo, fiestas intimas, de gran devoción y espiritualidad. Las espectaculares y coloridas fiestas de San Bonifacio, llenas de alegría, multitudinarias y acogedoras con todos los que nos visitan. Y las fiestas de nuestra Virgen del Remedio, donde hay devoción por supuesto, alegres actos festivos, convivencia vecinal, pero, sobre todo, son las fiestas de la familia. Así es como las veo yo, son mis fiestas de la familia – estoy seguro que será igual para todos los que estáis aquí esta noche- son las fiestas de mi infancia, con las que he crecido, con las que disfruto de la compañía de mi madre y mi familia más cercana, con mi mujer, mis hijos y mis queridos nietos; siempre teniendo como parte esencial esos momentos tan especiales de la convivencia familiar que conllevan estas fiestas y que me hacían y me hacen esperar su llegada cada año para volverlos a vivir.

Y quiero seguir viviéndolos, porque la fiesta es vida, y la vida es el mayor regalo que tenemos. Aprovechemos este regalo que nos traen las fiestas de nuestra patrona y vivamos, vivamos las fiestas de la Virgen con devoción, con tolerancia, con respeto y, sobre todo, con pasión y alegría. Vivamos estos días junto a los que están con nosotros, pero estoy convencido de que también tendremos a nuestro lado a los que ya no están. ¡Vivamos la fiesta, porque la fiesta es vida!

Ya para finalizar este pregón y …porque mi voz no sabrá expresar con más pasión lo que mi alma te dirá… ¡voy a ser tu pregonero!

Ara sí que compliré amb la missió encomanada, ara sí que seré el pregoner, i pregone i proclame i us dic:

A tots els veïns i veïnes de Petrer!
Que el poble està de festa!
Que tots mos engalanem amb les nostres millors vestits i ixquem al carrer!
Que els pares agafen als fill i els iaios als nets i que els lleven a ballar amb els nanos i gegants, a la mascletà, a la processó, als concerts, a tota la festa!
Que la gent oblide els problemes i disfrute de la festa, de la vida!
Perque estem començant els dies grans de les festes de la Maridéu del Reméi!
VISCA LA NOSTRA PATRONA!
VISCA PETRER!

Enrique Maestre Flor, pregonero de las Fiestas Patronales.
En Petrer, a cinco de octubre de 2023.