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FUNDACIÓN POETA FRANCISCO MOLLÁ MONTESINOS
ANTOLOGÍA

Poesía social

La vena más humana de Francisco Mollá impulsó la voz del poeta hacia la vertiente de la poesía social desde bien temprano. En "Esta es mi historia" se aprecia ya una infancia dedicada a las duras labores del campo en los cafetales y una juventud doblegada por la explotación.
Tras su retorno de Brasil, se vio atrapado por el férreo yugo del sector calzado al encontrar trabajo como montador mecánico en la fábrica de Rodolfo Guarinos de Elda, en cuyo marco se puede encajar el poema "Triste ronda", publicado por primera vez en El mundo obrero el año 1928, aunque la versión que ofrecemos aquí, tomada de Canciones del camino, está fechada en 1934. A sus 26 años, Paco Mollá fue elegido presidente de la Juventud Socialista petrerense y publicó poemas de contenido candente, por lo que fue catalogado de defensor de la república y de los derechos de los trabajadores. Al comenzar la guerra, se alistó voluntario en Sanidad, pero pronto fue nombrado sargento y, más adelante, comisario político en el frente de Guadarrama, donde murió su hermano Bonifacio. Colaboró en los boletines del frente y su llama poética ardió con exaltación, dando como resultado un corpúsculo de poemas que sus compañeros de la 30 brigada, 2ª división, recogieron en un libro titulado Cumbres, del que se editaron muy pocos ejemplares, hoy perdidos.

Tras el conflicto bélico, encarcelado, tuvo en la prisión una escuela poética que encauzó sus intereses y supo darles forma. Resultado de esta forzosa estancia son composiciones como "Despedida triste", "Soneto a la esposa", "Sagrado pan" o "Nardos blancos, nardos rojos". Son realmente reveladores algunos como "Piedra dura de mi celda", "Los trabajadores encadenados" y "Opresión". En el Reformatorio de Adultos de Alicante convivió con Miguel Hernández los últimos nueve meses de vida del poeta oriolano, al que dedicó El libro de Miguel, que incluye el sentido poema titulado precisamente "Miguel Hernández". De cualquier modo, en la lóbrega celda, Paco Mollá pudo canalizar su expresión poética, curtida por la guerra y el sufrimiento, por el amor y la distancia, que se verbalizó en un poema de calidad sublime, Alma, que incluimos en este apartado no por su contenido, sino por el ambiente en que se gestó, y que remite a los posteriores caminos en la obra de Paco Mollá, especialmente el panteísmo.
Esta es mi historia
Coged a un niño, y a los siete años
ponedlo ya en trabajos de la tierra.
No le déis instrucción; si el niño yerra,
colmadlo de amenazas y de daños.

Los juegos de niñez séanle extraños
y vea que de su bien se le destierra;
le fuercen a vivir constante guerra
y no le muestre el mundo más que engaños.

Y luego, para colmo de injusticia,
entréguenle a merced de la avaricia
que le explote y le trate como escoria.

Y, por fin, sin piedad se le condene
a purgar una falta que no tiene,
¡y tendréis en verdad toda mi historia!
Triste ronda
Yo he sido despedido de la fábrica
porque, débil, no puedo trabajar;
pero pronto vendrá otro joven fuerte
y el puesto nuevamente ocupará.

A este joven que llega sano y ágil,
igual que me pasó le pasará;
mas pronto llegará otro joven recio
y el puesto de trabajo ocupará…

Que agotando organismos fríamente,
como un Moloch moderno e infernal,
devora nuestras vidas implacable
la insaciable avaricia patronal.

Condición inhumana que sufrimos
de un orden sin justicia y sin moral:
¡y es Ley que no nazcamos para esclavos,
sino para el amor y la hermandad!
www.pacomolla.com
FPM
pm