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Pregón de Fiestas Patronales de María Amat Amat
10/10/2017

Pregón de Fiestas Patronales de María Amat Amat

¡Bona nit Petrer del meu cor!

Señora alcaldesa, corporación municipal del  ayuntamiento de Petrer, señor alcalde de Elda, señor alcalde de Sax, Cofradía de la Virgen del Remedio de Petrer, Cofradía hermana de los Santos Patronos de Elda, vecinos y vecinas, visitantes de otras poblaciones, amigos y amigas, gracias por estar aquí.

Hoy es un día muy especial para mí, pues pregonar las fiestas de tu pueblo en honor a la Virgen del Remedio no es una oportunidad que se presente cada día. Tampoco lo es, estar en este balcón del ayuntamiento contemplando a todos los que me estáis escuchando.
Es un honor y un privilegio estar hoy aquí.

Nada más lejos de la realidad, imaginar que esto pudiera sucederme.
Por lo tanto, que menos que dar las gracias por ello. Agradecer a la alcaldesa Doña Irene Navarro por pensar en mí sin titubeos, por hacerme partícipe de su entusiasmo y motivación para tal encargo. Mi más sincera gratitud Irene. Gratitud que se suma a la ilusión y alegría, a la vez que nerviosismo, que esta propuesta genera en mí.

Fíjate, querida Virgen del Remedio, en que lío me he metido. Como sabrás, me llamo María, igual que tú y me gustaría contarte a ti y a todos los que nos escuchan, cómo he vivido estas fiestas desde mi niñez y cómo afronté esta propuesta desde que la acepté…
Pensé: María ya no hay vuelta atrás, hazlo con el corazón, que es como mejor expresas tus sentimientos.
Rebusqué dentro de mí y encontré tantísimos recuerdos desde mi niñez hasta nuestros días, que tengo ganas de impregnaros de ese bienestar que me llena al pensar en tantas cosas vividas durante estas fiestas.
Parto del amor: amor a nuestro pueblo, amor a nuestras fiestas, amor a nuestra cultura, a nuestras ermitas, a nuestro castillo, a nuestros montes, a nuestras tradiciones y amor a nuestros mayores, entre otros. Y digo a nuestros mayores, porque mi infancia se ve reflejada en gran medida en mis abuelos.

Mis padres, que son panaderos, trabajaban mucho para las fiestas de la Mari Deu y aunque siempre han estado pendientes de transmitirnos valores, tenían que dejarnos al cuidado de nuestros abuelos a mi hermano y a mí. Hemos tenido la gran suerte de tenerlos a los cuatro.
Mis abuelos paternos, Herminia y Pere, ayudaban en la panadería a mis padres todo lo que podían. Por ejemplo mi abuelo embolsaba rollos, polvorones, almendrados, etc. Y mi abuela hacía magdalenas y tortadas entre otras cosas con mi madre. Y nos hacía un guisado de albóndigas de bacalao, de impresión. Todavía recuerdo el aroma… Cuando llegaban las vacaciones escolares, mi hermano y yo nos íbamos a casa de mis abuelos maternos, Virginia y Enrique. Allí nos hemos criado. Comíamos, dormíamos y un largo etc. como dar  que hacer, claro está…

Recuerdo intensamente estas fiestas como algo mágico, deseando que llegasen pronto.

Mis abuelos Enrique y Virginia han vivido siempre justo aquí arriba, en una casa frente al museo de la fiesta, a espaldas de la iglesia. Me encantaba asomarme al balcón siendo tan pequeña, para ver cómo engalanaban la replaceta con sus macetas, sus banderines y guirnaldas. Me gustaba colaborar. También los ratos de tertulia, la alegría, la ilusión, el compañerismo y la unión entre todos ellos.

A los niños nos preparaban meriendas y juegos para nuestra diversión.
Concurso de Karaoke, el juego del pañuelo, la gallinita ciega, el juego de la silla, el tú la llevas o el pilla pilla entre otros, recorriendo todos los callejones inclusive el de la Virgen.

¡Qué alegría más grande!                                    

O cuando nos íbamos por todos los barrios del pueblo, para ver cómo los habían adornado para la ocasión, a cual más bonito. Eran verdaderas obras de arte… si mal no recuerdo, daban premios.

O el primer día de fiesta, cuando las bandas locales hacen sus pasacalles y acto seguido la Colla de Dolçainers i Tabaleters el Terrós junto a los Nanos i Gegants. Los niños ya éramos felices. Se nos hacía corto el trayecto…

Ahora, en nuestros días, tenemos una preciosa ofrenda floral, donde además de flores, también se aportan alimentos para personas que lo necesitan. Me encantan este tipo de ofrendas. Mis sobrinos y yo acudimos cada año y, al terminar, disfrutamos atentos cómo corren la traca, tradición antigua, recientemente recuperada.

Y no olvido, cómo nos íbamos a la Explanada a comer pipas, mientras montaban los escenarios. Porque, a ver, ¿quién no recuerda en los jardines de la explanada, las actuaciones de grupos o solistas que venían? Claro, seguramente sí lo recordáis.

Pero yo era pequeña y a parte de los artistas, lo que sí recuerdo de verdad, era el frío que hacía. ¡Madre  mía! con abrigos y todo y si te descuidas hasta con bufandas…

Recuerdo como me llevaba mi madre de la mano hasta casa de mis abuelos, a esperar a mi familia que venían de fuera, para irnos todos juntos a la misa Mayor. Misa que siempre me ha gustado, por las homilías y preparación de moniciones.

También escuchar al coro y a la banda de música de nuestro pueblo interpretar preciosas letras, de manera brillante, finalizando así con un poema cantado, con música de Tino Cabedo, escrito por mi abuelo Enrique, que nos pone a los presentes, los sentimientos a flor de piel.
O la solemne procesión esa misma tarde de la Virgen del Remedio, acogedora, con nuestra Mari Deu arreglada con mimo, bellísima para la ocasión. Admiradla a su paso, es toda una divinidad. Mucha gente acompañándola.

Gran labor y reconocida la que hacen las Camareras de la Virgen y sus Mayordomos, entre los que se encuentra Alberto Montesinos, el pregonero del pasado año, a quién le estoy enormemente agradecida, al igual que Mari Carmen Rico, primera pregonera, ya que en todo momento, se han ofrecido a ayudarme en lo que pudiese hacerme falta, como tantos vecinos del pueblo que se prestaron a ayudarme.

A mis padres, mi marido, mis hermanos Pedro y Sara. Y a toda mi familia, porque habéis sido el apoyo e impulso que he necesitado. A todos, muchas gracias…

La verdad es que el día 7, día en que honramos a nuestra Virgen del Remedio, es muy tradicional comer en familia y si es con “fasegures “, mucho más nuestro.

Me alegra acordarme de las veces que he salido de carassa con mi abuela Herminia, cogiendo todos los cojines posibles para disfrazar nuestras siluetas…

La fiesta tampoco ha cambiado tanto. La esencia es La misma, pero vista desde otro prisma.

Volviendo a mis abuelos, que grandes los cuatro!!
Conservo a una de ellas con casi 102 años, Virginia, con la que he aprendido muchísimo y que considero le debo unas palabras.
¡Iaia, te quiero y te adoro!
Y mi abuelo Enrique, que decir de él. Hombre sencillo, culto, autodidacta, noble, generoso y bueno. Perdonad, pero cuando se quiere tanto a una persona, no se es objetiva.

Quiero contaros lo que en uno de sus libros escribió:
“Las fiestas Mayores son siempre un manantial de cristalinas aguas que lavan diferencias y por eso mismo, refuerzan amistades, incrementan el entrañable sentido familiar y nos llevan al convencimiento por su natural alegría, de que todo el mundo es mejor de lo que suponíamos. La fiesta ha de ser abierta, generosa, con participación de todos, sin posibles discriminaciones, exentas de radicalismos y de presiones de difícil justificación. La fiesta es alegría, es ilusión, pero la fiesta hay que mirarla también por dentro, porque tiene alma, sentimientos y raíces…”. Por lo tanto, quien mejor que su nieta, que tanto lo quería, para rendirle un pequeño homenaje a su abuelo.

Iaio, homenaje que te quiero dar, recitando con todo mi amor, una de tus poesías dedicada a la Virgen del Remedio. Y dice así:

Madre celestial, Señora:
humildemente te pido
que bendigas los hogares
de este pueblo, que te adora.
Esos felices hogares
donde anida la alegría
y suena la melodía
de los humanos cantares.
Y a otros distintos hogares
inmersos en la amargura,
donde vive la tristura
y hay lágrimas y pesares.
Aumenta en ellos la fe
y crecerá su templanza
por esa conformidad
que genera la esperanza.
Celestial Madre, Señora:
Bendice, si, los hogares en todo momento y hora.                                               
Los hogares de mi pueblo,  de este pueblo que te adora.


Sabemos que el camino se hace más fácil cuando no estamos solos, una madre como la Virgen del Remedio, siempre estará a nuestro lado.
Porque ¿qué querrá una madre para sus hijos?
Salud, trabajo, amor, acogernos, cuidarnos. En definitiva, ayudarnos.
Quiero invitar desde aquí, a todos los abuelos y abuelas, padres y madres del mundo, a que sigáis inculcando valores a vuestros hijos y nietos como conmigo lo han hecho y que es algo, que nunca olvidaré.
Valores tales como: el respeto, el aprecio por las cosas, el agradecimiento, la paciencia, el cariño y amor incondicional, la ternura, la enseñanza, y de alguna manera, transmitirles nuestras tradiciones, porque de otra forma, se perderían.

Quiero acordarme también, de todas esas personas que sufren por alguna razón, que sepan, que los tendré en mi mente hoy y siempre.

Antes de pregonar las fiestas, os hago una última propuesta.
No dejéis de escuchar nuestra Salve Marinera, que nos envuelve de emociones sinceras, como también al  terminar, nuestro espectacular castillo de fuegos artificiales… y por supuesto el pasodoble Petrer en la calle la Virgen y vivir con plenitud todos los actos de estas fiestas tan nuestras.

I ARA SÍ QUE SÍ
PREGONE ESTES FESTES, PER QUÈ SIGUEN UNES FESTES DE PAU, AMISTAD, COMPANYERISME, HOSPITALITAT, IL•LUSIÓ, ALEGRIA, GENEROSITAT, AGERMANAMENT I SALUT PER A TOTS.

I DES DE AQUÍ, CONVIDE A TOTES LES POBLACIONS VEÏNES, EN ESPECIAL ALS NOSTRES VEÏNS D’ELDA, ON TINC GRANS AMICS, A QUE VINGUEN A CELEBRAR I COMPARTIR AMB NOSALTRES, ESTOS DIES DE FESTA… ¡AMICS, AMIGUES, ANEM A COMENÇAR LA FESTA!
¡VISCA LA MARI DEU DEL REMEI!   
¡VISCA PETRER!